¿CÓMO DEBERÍA SER UN PROFESORADO DEL SIGLO XXI?

Que la sociedad ha cambiado radicalmente y que la educación no viene acompañando –y lo que es peor, liderando- este cambio es un hecho incontrastable que todos los expertos afirman continuamente.

Si bien el cambio educativo tiene que producirse simultáneamente en todos los niveles, está claro que mientras la educación inicial de los docentes –hasta ahora llamada profesorados- no tenga un cambio de 180°, será imposible que en los demás niveles se realicen los cambios necesarios para que no se siga sosteniendo un sistema que claramente está agotado.

Lo primero que habría que cambiar –porque las palabras tienen su fuerza- es el nombre: Carrera de Docente Global, o Carrera de Facilitador de Aprendizajes podría ser un buen comienzo, aunque seguro que se pueden conseguir mejores descripciones de lo que debería ser la carrera.

El planteo es que con respecto a la educación inicial de los docentes hay que producir una renovación absoluta de lo que hasta ahora venía realizándose, no solo en nuestro país sino en muchos lugares del mundo, por no decir en todos.

El primer cambio que sería conveniente es que así como socialmente se busca que las personas puedan poner en acción una serie de competencias en sus distintos ámbitos laborales o incluso sociales y familiares, sabiendo que los conocimientos por un lado cambian constantemente y por otro están al alcance de la mano a través de los dispositivos digitales, los actuales profesorados se siguen dividiendo por los niveles en los que tendrán incumbencia los títulos que obtengan cuando se gradúen y, en el caso particular de la secundaria, el área de conocimiento a la que apuntarán. Esta división, además de ser convencional y por tanto arbitraria, no se corresponde con la naturaleza de la docencia y menos con la realidad del mundo actual.

Un docente debe ser primero docente, sin importar la edad de los alumnos con los que trabajará ni el área de conocimiento a la que se abocará cuando se gradúe.

Por ese motivo, para formar un docente global, entendiendo por ésto que no importa la edad de los alumnos con los que va a trabajar o los contenidos específicos con los que logrará sus objetivos sino su competencia para generar aprendizajes de competencias y habilidades en los alumnos que tenga delante, ya sea presencial o virtualmente. Una vez conseguido este objetivo ya tendrá oportunidad de “especializarse” en distintas edades o áreas del conocimiento cuando tenga la necesidad de hacerlo, porque además una de las competencias que habrá adquirido es la de aprender a aprender.

La tradicional división por materias está caduca, así como la asignación de un número de horas determinadas para cada materia. Por eso parece más adecuado que la organización curricular debe estar, por un lado basada en las capacidades que el futuro docente global debe adquirir, y por otro en la puesta en acción de esas habilidades en contextos reales. La acreditación de esas competencias no se realizará en función de las horas que los futuros docentes globales hayan estado “cursando” materias, sino en concordancia con determinados niveles de adquisición de las capacidades, aunque quizá por razones jurídicas y la dificultad del sistema de romper con viejos paradigmas, haya que mantener -al menos formalmente- una determinada cantidad de horas por espacio curricular.

Las calificaciones son absolutamente contrarias al proceso de aprendizaje, por lo que sería recomendable que la acreditación de competencias se realizará a través de rúbricas, aunque luego por razones jurídicas haya que traducir a un número.

Otro de los aspectos que cobra especial importancia es la adquisición o el desarrollo de las habilidades emocionales y socio-afectivas, por lo que se considerarán de mucha importancia a la hora de acreditar a los futuros docentes globales su compromiso y pasión por liderar el cambio hacia un mundo mejor.

La última característica diferencial de estas nuevas instituciones debería ser que dado que la sociedad privilegia el trabajo en equipo y colaborativo, todas las tareas encomendadas a los futuros docentes globales se trabajarán de esa forma, aunque por las exigencias legales del sistema se siguieran manteniendo las acreditaciones individuales.

Reconozco que esto planteo es bastante utópico, pero no por ello menos necesario. Sino, todo seguirá igual…

2 Comentarios to “¿CÓMO DEBERÍA SER UN PROFESORADO DEL SIGLO XXI?”

  1. Roberto Luis Annan

    Federico, excelente artículo. Muy ilustrativo y didáctico. Un placer leerte. Un abrazo.

    octubre 31st, 2019 | 2:39 pm
  2. Coni La Grotteria

    Federico, excelente artículo y compromiso educativo, coincido con el aprendizaje transversal y esencial sobre las habilidades EMOCIONALES.
    Gracias por todo.
    Coni

    marzo 4th, 2020 | 10:37 am

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